Desde que estudiaba en la Facultad de Derecho, siempre leía los perfiles de abogados de algunos bufetes de la Milla de Oro y de algún que otro bufete en el extranjero en el libro de Martindale Hubell; éste era la enciclopedia del Who's Who en los bufetes de Puerto Rico y de otras partes de Estados Unidos. Siempre he tenido la manía de husmear los perfiles de las personas y saber con quién me estaría entrevistando o con quien quisiera entrevistarme en un futuro; o incluso de profesores de universidad, algo que hacía desde la Universidad de Puerto Rico al leer el curriculum vitae de los profesores que me interesaba tomar clase. Esta manía ha aumentado con el pasar de los años y la Internet me ha facilitado el accesar las redes sociales y ver lo que la gente publica y conocer su educación y experiencia laboral. No en balde algunos me llaman NSA porque cuando quieren que averigüe el trasfondo educativo y laboral de alguien me piden que haga una búsqueda y rinda un informe verbal. La Internet y sus redes sociales son una maravilla pero a la vez es una navaja de doble filo para muchas cosas.
De la misma forma que los jueces nominados al más Alto Foro deben revisar y refrescar su memoria con sus escritos, memorandos, opiniones y otras publicaciones; así hice yo en mi proceso de auto-investigación de toda mi actividad social en las redes y en la Internet; no me preocupaba que surgiera una foto mía porque no soy fotogénico y soy apático a aparecer en fotos de un tiempo para acá. Muchas personas me habían dado consejos de poner en la solicitud de nombramiento judicial aquellas referencias que se identificasen con el partido político de turno; cosa que hice y añadí a uno que otro independentista a quienes aprecio increíblemente. Esta modalidad es muy común en Puerto Rico para lograr pasar el cedazo inicial de ser identificado con el gobernador de turno; algo bastante absurdo y patético porque a la hora de la verdad los jueces no hacen política pública.
Pero de la misma manera que estas personas me aconsejaron esto, ellos nunca me aconsejaron el revisar mis escritos o mis cuentas en redes sociales para examinar si había cualquier material comprometedor; en pocas palabras evaluar si mis expresiones o fotos pudieran afectar mi honestidad y temple como juez si alguien las veía. En realidad mis cuentas siempre han tenido el grado de mayor seguridad y privacidad permitido, pero siempre hay un perito en computadora que puede romper estas barreras y ver lo que uno publica; en mi caso no me preocupaba el contenido porque siempre he sido dueño de mis pensamientos y tengo un buen filtro escrito.
Debo admitir que este tipo de auto-investigación fue bastante interesante porque sabía que habían dos escritos universitarios que me iban a comprometer grandemente. Uno de ellos fue preparado para una clase de Ciencias Políticas sobre Relaciones Internacionales. Ese escrito giraba en torno al status de Puerto Rico ante las Naciones Unidas y los diferentes proyectos de estadidad presentado ante la Asamblea Legislativa, en particular, el Proyecto de Estadidad de Gerald Ford y las ponencias de Daniel Moyniham. El escrito era una crítica bien severa a todo este trámite y concluía con una solución de conformidad al deseo del pueblo puertorriqueño en el 1988. El otro escrito era la historia de un partido político en Puerto Rico que más que una narrativa histórica era una crítica a ese partido. Un profesor que me la pidió en el 1989 para evaluar mi solicitud de ingreso a la Facultad de Humanidades la tildó de sensacionalista; años más tarde algunas frases denominadas sensacionalistas eran copiadas en un artículo de él en un rotativo de Puerto Rico.
Pero de la misma manera que estas personas me aconsejaron esto, ellos nunca me aconsejaron el revisar mis escritos o mis cuentas en redes sociales para examinar si había cualquier material comprometedor; en pocas palabras evaluar si mis expresiones o fotos pudieran afectar mi honestidad y temple como juez si alguien las veía. En realidad mis cuentas siempre han tenido el grado de mayor seguridad y privacidad permitido, pero siempre hay un perito en computadora que puede romper estas barreras y ver lo que uno publica; en mi caso no me preocupaba el contenido porque siempre he sido dueño de mis pensamientos y tengo un buen filtro escrito.
Debo admitir que este tipo de auto-investigación fue bastante interesante porque sabía que habían dos escritos universitarios que me iban a comprometer grandemente. Uno de ellos fue preparado para una clase de Ciencias Políticas sobre Relaciones Internacionales. Ese escrito giraba en torno al status de Puerto Rico ante las Naciones Unidas y los diferentes proyectos de estadidad presentado ante la Asamblea Legislativa, en particular, el Proyecto de Estadidad de Gerald Ford y las ponencias de Daniel Moyniham. El escrito era una crítica bien severa a todo este trámite y concluía con una solución de conformidad al deseo del pueblo puertorriqueño en el 1988. El otro escrito era la historia de un partido político en Puerto Rico que más que una narrativa histórica era una crítica a ese partido. Un profesor que me la pidió en el 1989 para evaluar mi solicitud de ingreso a la Facultad de Humanidades la tildó de sensacionalista; años más tarde algunas frases denominadas sensacionalistas eran copiadas en un artículo de él en un rotativo de Puerto Rico.
No obstante, no me preocupé tanto al no poseer estos escritos en mi poder, mi solicitud de juez no iba dirigida a una posición de tal envergadura como lo era la de un puesto en la Rama Ejecutiva o en el Tribunal Supremo. Mi meta era repasar mis escritos de revista jurídica, mis opiniones sobre algún asunto de política pública de las agencias gubernamentales para las cual había trabajado y mis comentarios en las redes sociales. Una vez revisado todo esto, supe como contestar a cualquier pregunta sobre mi opinión en cuanto a un asunto de corte político; la respuesta preparada iba a ser cónsona con el deber de un juez: mi opinión vertida sobre un asunto previo a ocupar una posición como juez no constituye ni constituirá un obstáculo para ser imparcial y poder emitir una determinación sobre un asunto ante mi consideración conforme a Derecho. Más o menos iba a sonar así porque todos tenemos que preparar un libreto, incluso al litigar un caso.
Para el mes de abril de 2006 recibí una llamada de un oficial de la Oficina del Gobernador para indicarme que me tenía que entrevistar, era un agente del Negociado de Investigaciones Especiales adscrito a la Mansión Ejecutiva. Me pidió que le ofreciera fechas disponibles y se las ofrecí, para esa fecha ya ocupaba el puesto de Asesor Legal General de la Compañía de Fomento Industrial y tenía mis manos llenas y trabajaba los siete (7) días a la semana. No había pasado una semana cuando de repente me empiezan a llamar las personas que había ofrecido como referencia. Todos me decía que habían hablado bien de mí y se los agradecí. Algunos de ellos me contaron de que consistió las preguntas y cuanto tiempo duró la entrevista personal o por teléfono. Incluso, muchos vecinos me llamaron preocupados porque un agente quería hablar con ellos sobre mi persona y les tuve que explicar en que consistía el proceso. En adición a todas estas referencias, parte de su diligencia investigativas de este agente incluía el tener hablar con jueces ante quien postulé y con abogados de la parte adversa.
El día de mi entrevista con el agente, éste me explicó el proceso previo con mis referencias sin entrar en detalles y de que consistiría el mío. El agente estuvo alrededor de 20 minutos conmigo y hablamos sobre mi relación con los compañeros que laborábamos en la División Legal. La conversación pasó de formal a informal. Puedo decir que me sentí cómodo como pez bajo el agua. Antes de concluir conmigo me dejó saber que uno de los jueces mencionados en mi solicitud había hablado muy bien de mí; me imaginé cuál juez fue y que era de la Región de Mayagüez. Las palabras dichas por el agente sólo podría venir de esa juez ante la cual litigué casi siempre por dos años.
Mientras terminaba sus notas, solicitó reunirse con la que era mi secretaria y con otros abogados para hablar sobre mí y mi trato con ellos. Nunca supe que habrá dicho la que era mi secretaria ni le quise preguntar; entre ambos no existía esa confianza y no pensaba cruzar esa línea. Una cosa que sí surgió de esas entrevista es que algunos abogados, según ellos me dijeron, se quejaron de que era muy exigente y que era compulsivo con mi trabajo ya que llegaba a las 7:00 am y salía después de las 8:00 pm; es obvio que yo esperaba de ellos la misma actitud y se los había manifestado, pero nunca logré este compromiso.
Mientras terminaba sus notas, solicitó reunirse con la que era mi secretaria y con otros abogados para hablar sobre mí y mi trato con ellos. Nunca supe que habrá dicho la que era mi secretaria ni le quise preguntar; entre ambos no existía esa confianza y no pensaba cruzar esa línea. Una cosa que sí surgió de esas entrevista es que algunos abogados, según ellos me dijeron, se quejaron de que era muy exigente y que era compulsivo con mi trabajo ya que llegaba a las 7:00 am y salía después de las 8:00 pm; es obvio que yo esperaba de ellos la misma actitud y se los había manifestado, pero nunca logré este compromiso.
Si algo aprendí de todo este proceso, es que no todas las investigaciones de estos agentes son idénticas; alguna que he escuchado son minuciosas y otras, como la mía, no lo son. En mi entrevista nunca surgió pregunta sobre mis comentarios en blogs de otras personas, mis artículos de revistas, ni de ninguna opinión sobre algún asunto de Derecho que fuera motivo de inquietud por mi postura liberal. Ese agente rindió un informe del cual nunca tuve copia y siempre me quedé con la inquietud si podría pedir copia del mismo ya que es un documento público sobre mi persona; como hacemos en la esfera federal al amparo del Freedom of Information Act.
Una vez concluido todo este proceso inicial, la incertidumbre e inseguridad me consumía por dentro ya que la tercera fase de todo este proceso era la entrevista con los representantes del Gobernador . Estos serían los que finalmente recomendarían un nombramiento a aquél para someterlo al Senado de Puerto Rico. El tiempo marcaría el paso pero habían ciertos cabos que no estaban atados del todo.
Una vez concluido todo este proceso inicial, la incertidumbre e inseguridad me consumía por dentro ya que la tercera fase de todo este proceso era la entrevista con los representantes del Gobernador . Estos serían los que finalmente recomendarían un nombramiento a aquél para someterlo al Senado de Puerto Rico. El tiempo marcaría el paso pero habían ciertos cabos que no estaban atados del todo.
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